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Los activos de riesgo, única base sensata para pensiones privadas

“Nunca hagan pronósticos, sobre todo sobre el futuro”. Nadie sabe quién dijo esto primero; sin embargo, el punto es que tenemos que hacer pronósticos, o al menos conjeturas, sobre el futuro incierto. Nada de esto es más cierto que las inversiones a largo plazo para proporcionar seguridad en la vejez.

El problema —ineludible, pero fundamental— es que la manera sensata de hacer esto es invertir en activos de riesgo. No se pueden eliminar los riesgos. Alguien tiene que cargarlos. La cuestión es quién debe ser y cómo debe hacerse.

La tragedia para los arreglos de las pensiones británicas es que el intento de imponer seguridad a los arreglos privados los obliga a ir al colapso. Peor aún, permitió que la generación de jubilados de mayor edad extraiga toda la capacidad de asumir riesgos de los patrocinadores privados para su beneficio, algo que llevó a la generación más joven a una inseguridad permanente. Esto es un escándalo.

Sin embargo, la pregunta es qué tan arriesgada es la inversión en activos “de riesgo”. La evidencia sobre esto es alentadora. El trabajo de Elroy Dimson, Paul Marsh y Mike Staunton en sucesivos Anuarios de Inversión Global de Credit Suisse muestra que durante los últimos 120 años a las carteras diversificadas de acciones en los sectores corporativos de las economías de mercado de altos ingresos les ha ido asombrosamente bien.

 El rendimiento promedio anual real geométrico en estas economías ha sido de 5.4 por ciento. En Estados Unidos, el rendimiento ha sido de 6.6 por ciento; en Reino Unido, 5.4 por ciento. Una libra invertida y reinvertida en el mercado británico en 1900 se habría convertido en 572 libras para 2020, después de hacer un ajuste por la inflación. Un dólar invertido en el mercado de EU se habría convertido en 2 mil 291 dólares, sobre la misma base. Pero una libra invertida en bonos del gobierno de Reino Unido se habría convertido en 10.40 libras y un dólar invertido en bonos estadunidenses en 12.50 dólares. La única garantía que ofrece el mercado de bonos es la pobreza.

Los economistas llaman a esta gran divergencia una “prima de riesgo de capital”. La palabra “riesgo” refleja una creencia cuasi religiosa de que esta divergencia refleja un ajuste racional al riesgo. Los rendimientos esperados fueron los mismos, pero los intentos de justificar esta creencia en su mayoría parecen inverosímiles.

Una justificación es que las guerras o revoluciones pueden arruinar las acciones. Esto es verdad, pero también destruyen los bonos. Además, el rendimiento superior a largo plazo de las acciones en los principales mercados se produjo a pesar de dos guerras mundiales, revoluciones comunistas, la Depresión, las hiperinflaciones, la gran inflación de la década de 1970 y la crisis financiera mundial de la década de 2000. Por supuesto, una guerra termonuclear global o un cambio climático catastrófico serán peores, pero los bonos no brindarán seguridad. Nada lo hará. El desastre global no es asegurable.

Personas como el premio Nobel Robert Shiller y el economista británico Andrew Smithers argumentan que, si bien los mercados de valores oscilan, sus rendimientos se revierten a su estado anterior en el largo plazo. Al menos en retrospectiva, tal reversión a su estado anterior ha sido sorprendente, sobre todo en el caso crucial de EU. Esto respalda la opinión de que tener una cartera de acciones muy diversificada es por mucho la mejor estrategia de inversión a largo plazo en nuestro mundo incierto. Si uno es tan inteligente y hábil como Warren Buffett, los beneficios de prestar atención a las señales de subvaloración y sobrevaloración han sido asombrosos.

Se debate si se puede confiar en esto para el futuro. Además, existe un problema evidente: el de la volatilidad. La variabilidad de los rendimientos anuales de las acciones ha sido algo mayor que la de los bonos. Mucho más importante, los mercados de valores pueden generar rendimientos negativos, desde los puntos máximos, durante largos periodos. En la actualidad, el rendimiento de las ganancias ajustadas cíclicamente en el S&P 500 es solo de 2.6 por ciento. Esto se encuentra a niveles de advertencia de desplome, de acuerdo con los estándares históricos. Si se produce un mercado bajista prolongado, las valoraciones de las acciones pueden colapsar. Las valoraciones de mediados de la década de 1960 no volvieron durante 30 años. La gran amenaza, entonces, es que, como supuestamente dijo John Maynard Keynes, “el mercado puede permanecer irracional más tiempo del que uno puede permanecer solvente”. En efecto, hay una escasez de especuladores capaces de evitar que las acciones permanezcan mal valoradas de forma duradera. La restricción de la quiebra es una atadura para los mercados.

Por tanto, las acciones pueden ofrecer un almuerzo gratis, pero debes ser capaz de esperar la comida. Esto crea una oportunidad y un peligro. La oportunidad es para un inversionistas con horizonte de tiempo tan largo para obtener rendimientos extraordinarios. En un mundo ordenado, los fondos de pensiones de varias generaciones deben ser tales inversionistas. El peligro es que esos fondos (y más los individuos que invierten por su cuenta) agoten su margen de maniobra antes de que sus inversiones rindan frutos. Los temores de un enorme mercado bajista, algo que no es poco realista con las valoraciones actuales, puedan obligarlos a caer en las trampas de los bonos o el efectivo. Cómo manejar estos dilemas será el tema de mi próximo artículo sobre pensiones.

Martin Wolf “Los activos de riesgo, única base sensata para pensiones privadas” (12 de julio de 2021) Periódico: Milenio. Consulta:12 de julio de 2021. Disponible en: https://www.milenio.com/negocios/financial-times/activos-riesgo-unica-base-sensata-pensiones-privadas